Beliefs
Statement of Faith
Fundamental truths of our sound biblical doctrine
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Las Sagradas Escrituras constituyen nuestra toda suficiente regla de fe y conducta. En ellas fundamentamos nuestra creencia en Dios. Por lo tanto, las declaraciones de verdades fundamentales que siguen, extraídas de la Santa Biblia, son tenidas por base de nuestra fe y comunión cristiana. La fraseología que usamos en esta declaración no la tenemos por inspirada, pero las verdades que en ella expresamos las consideramos esenciales para un ministerio cristiano completo.
Esta declaración no contiene todas las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, pero sí aquellos artículos de fe necesarios en los cuales basar nuestra comunión cristiana, acordes con la revelación divina. Por tanto, creemos en:
1 La inspiración divina de las Sagradas Escrituras
Afirmamos que Dios tuvo la iniciativa para ejercer su influencia sobre cada escritor de las Sagradas Escrituras sin impedir la participación del intelecto humano en la comunicación de la verdad sagrada.
2 Timoteo 3:16-17 — Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
2 El Dios único y verdadero
El Dios único y verdadero se ha revelado a sí mismo como el Todopoderoso Creador del Universo, quien al manifestarse como Yo Soy, es en sí mismo el Eterno que se da a conocer al hombre para salvarlo, y quien en su revelación, al ser una Unidad de personas, se presenta como UNO.
Éxodo 3:14 — Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.
Isaías 64:8 — Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros.
3 La adorable Deidad
Esta grandiosa y misericordiosa Deidad está compuesta por tres personas; de ahí que hablamos de tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Tanto el vocablo trinidad como personas no se encuentran en las Sagradas Escrituras, pero son términos que están implícitos en ella y que la iglesia cristiana adoptó para definir su conocimiento de Dios, y guardan armonía con la Palabra de Dios. Cuando hablamos de Trinidad nos referimos a la composición de la Deidad en tres personas. Por persona significamos subsistencia, indicando que Dios es en tres subsistencias, revelado en las Escrituras como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por subsistencia significamos la forma propia de ser Dios. Así pues, Dios es en tres formas propias, cada una en particular poseyendo los atributos que definen la personalidad, a saber: pensamiento, voluntad y sentimiento.
Génesis 1:26 — Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen…
1 Juan 5:7 — Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.
4 Distinción y relación en la Deidad
En el Nuevo Testamento encontramos la encarnación del Hijo en Jesús de Nazaret, y la Escritura afirma que ese milagro es obra y gracia del Espíritu Santo. Esto evidencia que Dios es uno, pero también trino, dándose en la relación de Padre, Hijo y Espíritu Santo, como puede comprobarse en el bautismo de nuestro Señor Jesucristo. Esta verdad sagrada alude a la esencia misma de la Deidad; mas su conocimiento pleno es imposible, aunque lo revelado, con la ayuda del Espíritu Santo, lo podemos comprender. Así pues lo enseñamos y aquí lo declaramos.
Isaías 48:16 — Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu.
Mateo 3:16-17 — Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.
5 La Trinidad de Dios
La Iglesia primitiva, a través de su testimonio inspirado registrado en la literatura neotestamentaria, afirma que Dios es trino, a saber: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estas personas constituyen un solo y único Dios, una Deidad. No obstante, al hablar de tres personas no queremos decir que Dios se manifiesta en maneras distintas, sino al contrario, que Dios fue, es y será tres subsistencias, cada una con funciones redentoras propias. Esto es: el Padre genera; el Hijo redime y colabora junto al Padre en la inspiración del Espíritu Santo; el Espíritu Santo, procediendo del Padre y del Hijo, es el ejecutivo de la Deidad. Por otro lado, al aceptar que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo no establecemos que hay tres dioses, sino un solo Dios compuesto por tres personas consustanciales.
2 Corintios 13:14 — La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.
6 Cooperación en la Deidad
El Dios Trino, quien es y actúa en tres personas, muestra su perfección en la coordinación y colaboración armónica en que esas personas laboran. El quehacer creador es del Padre, pero en la creación del Universo el Verbo del Padre es el Hijo, y la acción que ese Verbo declara la ejecuta el Espíritu Santo; por tanto, la creación plena corresponde al Dios Trino. En la economía de la salvación del hombre, el Padre ama y envía al Hijo; el Hijo adviene y logra la reconciliación del hombre con el Padre; el Espíritu Santo afluye y hace realidad esa reconciliación en el hombre. De modo que, aunque las personas comparten una esencia, los ministerios son diferentes y sus acciones salvíficas se llevan a cabo en un plano de gran cohesión y comunión.
Colosenses 2:9 — Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.
7 Los nombres de Dios
En las Escrituras encontramos que Dios se revela al hombre por medio de sus nombres. Consideramos algunos:
- Elohim (Dios) — Plural de Eloah; designa a Dios como el fuerte y poderoso, el que es, e implica plenitud de poder. Desde el punto de vista cristiano alude a la Trinidad. En el Nuevo Testamento su equivalente es Theos.
- Jehová (Yahveh) — El Dios que tiene existencia en sí mismo, el Eterno que se revela a su pueblo para librarlo.
- Adonai (Señor) — Significa juzgar, gobernar; designa a Dios como el todopoderoso regente a quien están sujetas todas las cosas y ante quien el hombre se relaciona como siervo. En el Nuevo Testamento su equivalente es Kurios.
- El Shaddai (El Todopoderoso) — Manifiesta su omnipresencia para sustentar, fortalecer y dar toda clase de provisión a su pueblo.
- El Santo — Señala la santidad de Dios, su naturaleza esencial; lo presenta por encima de todas sus criaturas, absolutamente distinto a lo creado, aborreciendo el pecado y exigiendo pureza a sus criaturas.
- El Altísimo (El Elyon) — Presenta a Dios como Creador del cielo y de la tierra; combina su trascendencia y su inmanencia: aquel que, a pesar de su grandeza, interviene en la vida del hombre para su bienestar y gobierna los cielos y la tierra.
- Padre (Pater) — Designa la primera persona de la Trinidad; describe a Dios como originador de todas las cosas, que se da a conocer en una relación de amor para con sus hijos, amor que llega a su plenitud al entregar a su Hijo en la cruz.
Títulos dados al Hijo:
- Señor — Implica dominio, toda autoridad sobre todas las cosas y posesión de todo lo creado.
- Emanuel (Dios con nosotros) — En su naturaleza divina y eterna es el Unigénito del Padre; en su naturaleza humana, hijo del hombre. Es reconocido como Dios y hombre.
- Hijo de Dios — Describe su propia deidad; pertenece al orden de la eternidad.
- Hijo del Hombre — Indica su humanidad, identificándolo con los hijos de los hombres y señalando la misión mesiánica del Hijo de Dios.
- Cristo o Mesías — "El Ungido", escogido desde antes de la fundación del mundo e investido públicamente en el Jordán cuando vino sobre Él la unción del Espíritu Santo.
- Hijo de David — Equivalente a Mesías; como heredero cumplirá la promesa hecha a David cuando se siente en el trono milenario.
- Jesús (obra salvadora) — El ángel Gabriel anunció que se llamaría Jesús porque salvaría a su pueblo de sus pecados. Sobre la cruz cumplió la misión indicada por su nombre; fue siempre el Salvador.
8 Preexistencia y encarnación de Cristo
Creemos que Jesucristo obtuvo el título de Hijo de Dios no simplemente del hecho de la encarnación o por su relación con la economía de redención, sino que existe desde la eternidad. De manera que negar que el Hijo sea real y eterno es negar la distinción y relación en la Deidad, y destruir la verdad de que Jesucristo es venido en carne.
Juan 1:1-3 — En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
Juan 17:5 — Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
9 Exaltación de Jesucristo como Señor
El Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, habiéndose entregado a sí mismo para la limpieza de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, quedando sujetos a Él los ángeles, potestades y principados. Y habiendo sido hecho Señor y Cristo, rogó al Padre que nos enviara el Espíritu Santo, a fin de que podamos doblar nuestras rodillas y confesar que Él es el Señor para la gloria de Dios Padre hasta el fin, cuando el Hijo se sujetará al Padre para que Dios sea el todo en todos.
Filipenses 2:9-11 — Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
10 Sujeción al señorío divino del Hijo
Puesto que el Padre ha entregado todo juicio al Hijo, no solamente es deber expreso de todos los que están en los cielos y en la tierra doblar sus rodillas, sino que hay un gozo inexplicable por el Espíritu Santo en ellos al atribuir al Hijo todos los atributos de la Deidad y darle todo el honor y la gloria contenidos en todos sus nombres y títulos divinos. Así honramos al Padre y al Hijo al mismo tiempo.
Lucas 2:49 — Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?
Juan 14:9-10 — Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre… ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?
11 La caída y la redención
El hombre fue creado por Dios a su imagen y semejanza, pero por su transgresión a la ley divina fue destituido de la comunión y armonía con su Creador. A pesar del fracaso espiritual del hombre, Dios en su amor se propuso restaurarlo por medio del sacrificio vicario de Jesucristo en la cruz, elevado precio de nuestra redención.
Romanos 3:23 — Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.
Efesios 1:7 — En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.
12 La salvación del hombre
La gracia de Dios que trae salvación al hombre ha sido manifestada al género humano por la predicación del arrepentimiento hacia Dios y la fe en el Señor Jesucristo. El hombre es salvo cuando acepta por la fe el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario, aceptando a su vez el ministerio del Espíritu Santo que redarguye de pecado y guía por la senda de justicia. Así, el hombre justificado por gracia, actuando en fe, viene a ser heredero de Dios, según la divina promesa de vida eterna.
Hechos 4:12 — Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
13 Ordenanzas de la Iglesia
Bautismo en agua. Para participar de esta ordenanza el creyente deberá tener la capacidad mental, emocional y espiritual necesaria y ser instruido en los principios fundamentales de las Sagradas Escrituras y las doctrinas de la Iglesia. El bautismo en agua por inmersión, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, deberá observarse como se ordena en las Escrituras para todos los que realmente se han arrepentido y han aceptado a Cristo como su Salvador y Señor. Al hacerlo, el creyente declara que ha sido separado del mundo al morir con Jesús y que ha sido levantado con Él para andar en vida nueva.
Mateo 28:19-20 — Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
La Cena del Señor. Consiste de los elementos del pan sin levadura y del fruto de la vid, como símbolo que expresa nuestra participación de la naturaleza divina de nuestro Señor Jesucristo; es un recuerdo de su pasión y muerte, un acto profético de su segunda venida y una expresión de nuestra mutua comunión como creyentes; por tanto, está ordenada a todos los fieles hasta que Él venga. El pan simboliza el cuerpo glorioso de Cristo que nos vivifica; el fruto de la vid, su sangre que nos limpia de todo pecado.
1 Corintios 11:26 — Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
Lavatorio de pies.
Juan 13:3-5 — Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos… se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.
14 Bautismo en el Espíritu Santo
La promesa del Padre. Todos los creyentes tienen derecho a la promesa del Padre, que es el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandamiento de nuestro Señor Jesucristo. Todos deben buscarlo ansiosamente y esperarlo ardientemente. Esta fue la experiencia normal de los creyentes en la iglesia cristiana primitiva. Con ella viene la investidura de poder para vivir y servir, y los dones del Espíritu Santo y sus operaciones en la obra del ministerio. Esta unción es distinta y subsiguiente a la experiencia del nuevo nacimiento.
La evidencia. El bautismo en el Espíritu Santo tiene como evidencia inicial la señal física de hablar en otras lenguas. Esta es en esencia igual al don de lenguas (1 Corintios 12:10, 28), pero diferente en propósito. Se debe distinguir entre las lenguas como evidencia del bautismo, que es para todos, y las lenguas como don.
1 Corintios 14:1-2 — Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.
15 La santificación
Las Sagradas Escrituras enseñan una vida de santidad sin la cual nadie verá al Señor: "Sed santos, porque yo soy santo". La santificación abarca dos ideas: separación del mal y dedicación a Dios y su servicio. Es posicional e instantánea por un sencillo acto de fe en Cristo, y además práctica y progresiva: somos transformados gradualmente de gloria en gloria. La completa santificación se alcanzará en nuestro encuentro final con el Señor Jesucristo. Es la voluntad de Dios para todos los creyentes y debe practicarse diligentemente mediante la obediencia a la Palabra.
1 Tesalonicenses 5:23 — Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
1 Juan 3:3 — Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
16 El ministerio y la evangelización
La obra del ministerio y la evangelización corresponden a la Iglesia y consisten en predicar el evangelio a toda criatura y presentarle el plan de salvación como se enseña en las Escrituras. La obra cumbre del Calvario fue provista por nuestro Señor Jesucristo con un doble propósito: la evangelización del mundo y la edificación del Cuerpo de Cristo, su Iglesia. Para esa gran tarea, Él ha provisto un ministerio divinamente llamado y bíblicamente ordenado.
Hechos 13:47 — Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra.
Salmos 105:1 — Alabad a Jehová, invocad su nombre; dad a conocer sus obras en los pueblos.
17 La sanidad divina
La Sagrada Escritura presenta la sanidad divina como una provisión de Dios para todos los creyentes. La enfermedad y la muerte son consecuencia de la caída del hombre. Cristo, al reconciliarnos con Dios, llevó nuestras enfermedades. Su obra en cuanto a la sanidad se ha cumplido parcialmente y tiene además implicaciones escatológicas: llegará el momento, en la culminación del plan redentor, en que seremos libres totalmente de esos sufrimientos. Mientras tanto, por la fe en Jesucristo podemos experimentar sanidad. A la Iglesia se le ha conferido la facultad espiritual de proclamar y extender la sanidad divina a toda persona; el propósito salvífico de Dios no ha cambiado.
Isaías 53:5 — Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
18 La bendita esperanza
Creemos en la venida premilenial e inminente de Cristo para reunir a su pueblo, la Iglesia, consigo. Este glorioso acontecimiento ha sido denominado el rapto: la resurrección de los que durmieron en Cristo y su traslado, juntamente con los creyentes que viven, para encontrarse con su Señor en el aire. Después habrá un período de unos siete años llamado la Gran Tribulación, en el cual el anticristo se manifestará y será destruido en la batalla de Armagedón. Luego vendrá la revelación de Cristo con sus ángeles y con sus santos para ejecutar juicio sobre la tierra. Creemos que estas profecías se cumplirán en su debido tiempo, sin cometer el error de fijar fechas.
Juan 14:2-3 — En la casa de mi Padre muchas moradas hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
19 El reino milenial de Cristo
La segunda venida de Cristo incluye el rapto de los santos, que constituye la bendita esperanza del creyente, seguido después de un período no menor de siete años por el retorno visible de Cristo con sus santos para reinar en la tierra por mil años. El reino milenial traerá la salvación de Israel como nación y el establecimiento de paz universal.
Apocalipsis 20:2 — Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años.
20 El lago de fuego
El fuego es símbolo de la ira del juicio divino; de aquí que la Palabra de Dios hable de un lago de fuego en el que los enemigos de Dios serán castigados por la eternidad: el diablo y sus ángeles, la bestia (el anticristo), el falso profeta y todos los que no estén inscritos en el libro de la vida. Esta es la muerte segunda.
Apocalipsis 19:20 — Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta… Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre.
21 Cielo nuevo y tierra nueva
Dios, en su inmensa misericordia, ofrece a los justos la perfecta heredad de cielo nuevo y tierra nueva. Esto ocurrirá luego que haya puesto a todos los enemigos debajo de sus pies, y representa el mundo perfecto preparado por Dios para el disfrute de los santos.
Apocalipsis 21:1-2 — Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.
22 La Iglesia
La Iglesia es la institución del Nuevo Testamento fundada por Cristo mediante su sacrificio vicario en la cruz del Calvario. Está compuesta por aquellos que se constituyen en hijos de Dios al aceptar a Cristo como su Salvador. Como institución divina, su permanencia está garantizada a pesar de los ataques del enemigo. La Iglesia está compuesta por los santos que están en la tierra (la parte visible) y todos los muertos en Cristo desde el Calvario hasta el rapto. Es, en su expresión humana más amplia, una composición étnica de extensión universal.
Romanos 12:5 — Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.
Salmos 122:1 — Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos.
✦ El ministerio quíntuple
Somos una iglesia que cree y vive el ministerio quíntuple bíblico y la sana doctrina. El concepto viene de Efesios 4:11: "Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros". Creemos que Dios mantiene hoy vigentes y activos estos cinco ministerios para la edificación de su Iglesia hasta que Él venga, perfeccionando a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:12-13).
Firmado y aprobado por sus Pastores fundadores, Carlos García y Edna Hernández de García.